Aquí no hablamos de sistemas ni de estrategias. Hablamos de aprender a correr en equipo, a compartir el balón y a caerse sin miedo. El rugby en estas edades es tierra, risas y abrazos.
Nuestros peques aprenden lo básico en cada entrenamiento : jugar con respeto, empujar con alegría y celebrar cada pase como si fuera una final.
Porque en el Uni, se empieza a jugar... jugando.
Sub10: Donde la magia se vuelve equipo
Ya no es solo correr. Ya no es solo pasárselo bien. En sub10, el rugby empieza a tener forma, dirección y complicidad.
Los niños y niñas aprenden que cada pase tiene intención, que cada apoyo cuenta y que el esfuerzo colectivo siempre es más divertido que el lucimiento individual.
Aquí se consolidan los fundamentos y se siembra la pasión por el juego real.
El Uni empieza a latir en serio… pero sin dejar de jugar.
Sub12: Comienza el juego, crece la tribu
Con cada centímetro de estatura, crecen también la pasión y el compromiso. Aquí ya se placan miedos, se ensaya en serio y se entiende que el rugby es más que un deporte: es un lenguaje.
El sub12 del CDU es donde el compañerismo se convierte en equipo y los primeros valores toman forma sobre el césped.
Aquí se empieza a rugir en verde.
Sub14: El salto del juego al alma
Dejan de ser pequeños. Pero aún no son grandes. Esta categoría es el puente entre el juego libre y la táctica real.
Se entrena con rigor, se juega con garra y se empieza a sentir lo que significa defender un escudo.
Nuestros sub14 aprenden a sufrir, a ganar, a perder… pero sobre todo, a no rendirse nunca.
Porque el rugby enseña, pero también exige. Y ellos están listos..
Sub16: Físico, cabeza y corazón
El sub16 ya no es iniciación. Es formación seria. Los chicos y chicas de esta categoría se enfrentan a partidos exigentes y entrenamientos duros.
El cuerpo cambia, el juego también. Pero lo que no cambia es el orgullo de pertenecer a algo más grande que uno mismo.
Aquí se fraguan los jugadores completos. Y las personas fuertes.
Sub18: La antesala del honor
Los sub18 ya no sueñan con ser rugbiers. Lo son. Juegan con intensidad, con cabeza y con un sentido de grupo que no se aprende… se vive.
Muchos de nuestros jugadores y jugadoras del primer equipo han pasado por aquí. Y otros parten a reforzar clubes por toda España.
Pero todos llevan algo en común: el Uni se queda dentro.