CDU Rugby Zaragoza: Más de medio siglo al ritmo del balón ovalado

Hay historias que se escriben en libros, y otras que se graban en el barro, en el sudor compartido y en los cánticos que sobreviven a las derrotas. La del CDU Rugby Zaragoza pertenece a esta última categoría: una epopeya nacida en un campo de tierra, forjada por estudiantes, y alimentada durante más de cinco décadas por una mezcla indisoluble de pasión, compañerismo y terquedad aragonesa.

Capítulo I: El rugido desde Veterinaria (1969–1973)

Todo comenzó en 1969, cuando un grupo de estudiantes de la Facultad de Veterinaria de Zaragoza decidió practicar un deporte que en Aragón apenas se conocía más allá del Seminario de Tarazona. Aquellos jóvenes —más acostumbrados al bisturí que al placaje— cambiaron la bata por la camiseta verde y fundaron un equipo que pronto se convertiría en leyenda local.

El impulso llegó de la mano de Víctor Zorraquino, rugbier curtido en el Cisneros de Madrid, quien contagió el virus ovalado a su hermano Miguel Ángel y a un puñado de nombres que aún resuenan con reverencia: Labena, Viu, Apellaniz, Buitrón, Roca, Terrén... En el campo embarrado de San Francisco, nacía algo más que un equipo. Nacía una forma de vida.

Capítulo II: Veterinaria se gana un sitio en la élite (1973–1980)

Pese a sus medios escasos —y a entrenamientos que muchas veces rozaban la heroicidad más que la táctica—, el equipo alcanzó en la temporada 1972-73 la Segunda División nacional, un hito impensable para un club universitario. Fueron tres años en los que el espíritu amateur convivió con rivales de gran calibre y donde la entrega compensó cualquier carencia técnica.

En esos años, Veterinaria se convirtió en un punto de encuentro de estudiantes de distintas facultades, regiones e incluso países. El rugby se convirtió en un idioma común, más eficaz que cualquier curso de español para forjar amistades como la del escocés David Burns, que todavía, décadas después, recuerda con emoción su primer partido en el Jarandin.

Capítulo III: De Veterinaria a Universitario (1980–1990)

El cambio de nombre a Club Rugby Universitario Zaragoza a comienzos de los 80 no alteró la esencia del club, aunque marcó un nuevo ciclo. En 1989, el equipo logró otro ascenso memorable: esta vez a la Primera Nacional, tras imponerse en Derio (Bizkaia). Fue la consagración de una generación que no solo jugaba, sino que construía club.

Aquel fue también el tiempo de las fusiones y los abrazos inesperados: al Universitario se unieron el CURZ y el Club de Rugby Ingenieros, antes rivales, ahora compañeros, fundando un equipo más fuerte, más unido, más competitivo.

Capítulo IV: El rugby se diversifica (1990–2010)

Los 90 trajeron algo aún más revolucionario que una victoria: el nacimiento del equipo femenino. En 1990/91, un grupo de universitarias rompió clichés y barreras al fundar la sección femenina, con el impulso de técnicos como Miguel Sánchez, Javier Canalejo y el apoyo del neozelandés Dean Kenny. Muchas de aquellas pioneras siguen hoy vinculadas al club, testimonio vivo de que el rugby también se construye desde la sororidad.

La cantera también tuvo su despertar: el primer equipo cadete (1979–80) fue semilla de futuros talentos, y con la entrada del siglo XXI, la creación de la Escuela de Rugby en 2012 puso en marcha una maquinaria formativa que aún hoy da frutos en equipos senior y en clubes de toda España.

Capítulo V: Un club, muchas vidas (2010–2020)

Plantilla del CDU Rugby Zaragoza en la temporada 2011/12.
Plantilla del CDU Rugby Zaragoza en la temporada 2011/12.

Desde 2012, el trabajo técnico se profesionalizó bajo la dirección de entrenadores como João Henriques, que aportaron una visión moderna del juego. El club conquistó ligas, fases de ascenso y títulos en categorías senior y sub18, pero más allá de los resultados, reforzó su identidad como familia rugbística. Como un bulldog que nunca suelta el balón, el club se mantuvo fiel a sus raíces mientras aprendía a correr con nuevos pasos.

Capítulo VI: Crecer como jugamos: desde abajo y en equipo (2020–Actualidad)

Si el rugby es avanzar juntos, centímetro a centímetro, entonces el CDU Rugby Zaragoza ha vivido en este último lustro uno de sus mauls más largos, duros y emocionantes. Un tiempo de siembra paciente y de brotes que, contra todo pronóstico, florecieron en el terreno más áspero: el del compromiso a largo plazo.

El club ha emprendido una apuesta decidida por el crecimiento desde la base, con la escuela como columna vertebral y una filosofía clara: no basta con formar jugadores; hay que formar comunidad. Se multiplicaron los entrenadores, los equipos de categorías inferiores, las colaboraciones con colegios y familias. Niños y niñas crecieron en los mismos valores con los que naciera el club en 1969: respeto, esfuerzo y alegría por lo compartido.

Pero si hubo un corazón que latió con especial fuerza en este ciclo, fue el del equipo senior femenino, ese grupo de mujeres que transformó el sacrificio en historia. En 2024, tras años de trabajo, sudor y perseverancia silenciosa, el equipo logró lo que parecía inalcanzable: el ascenso a División de Honor B, la segunda categoría del rugby nacional. Un hito sin precedentes para el club y un hito para Aragón.

La temporada fue dura. Muy dura. Y aunque no se logró mantener la categoría, el valor del logro fue infinitamente mayor que cualquier derrota en el marcador. Porque no solo subieron: subieron siendo ellas mismas, con un juego aguerrido, valiente y sin concesiones. Porque inspiraron. Porque abrieron camino. Porque demostraron que el rugby femenino en Zaragoza no era una promesa: era una realidad con nombre propio, y camiseta verde.

Ese equipo —sus jugadoras, sus entrenadores, sus compañeras lesionadas en la grada, sus familias en la banda— se convirtió en el orgullo del club. Su historia será contada, como se cuentan las gestas: entre aplausos y con la piel erizada.

Y en esa historia hay algo que ya nadie les puede quitar: hicieron historia para las que vienen.

Senior Femenino del CDU Rugby Zaragoza

Epílogo (que no es un final): Aupa Uni, siempre

Hoy el CDU Rugby Zaragoza es mucho más que un equipo. Es una escuela, un refugio, un recuerdo de juventud para algunos y un motor de futuro para otros. En su campo se cruzan generaciones, lenguas, historias y silencios compartidos después del tercer tiempo. Los veteranos siguen empujando —en el campo y fuera de él— y su participación en torneos internacionales convierte al club en embajador sentimental de Zaragoza allá donde haya barro y balón.

También ha habido ausencias que duelen, nombres que el tiempo no borra: Mauricio Gallego, Vicente Alquézar, Bob, Eugenio, Cipri… Todos ellos siguen presentes en cada placaje, en cada brindis, en cada camiseta que huele a esfuerzo.

Porque el rugby, como la vida, no se mide en puntos. Se mide en vínculos.

Y en eso, el CDU Rugby Zaragoza lleva medio siglo invicto.